MEDIEVAL.CL

SENTIDO DE COMUNIDAD EN LA EDAD MEDIA.

Por: Iram Melo Espinoza

  • Estudiante de Licenciatura en historia de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.
  • Recreador medieval en KULTUR agrupación medieval.
  • Estudiante de esgrima en Esgrima Histórica Concepción.
  • Estudioso interesado por el Periodo Medieval.

 

Desde tiempos muy antiguos el ser humano ha vivido en compañía de sus semejantes, esto sea bien para satisfacer necesidades básicas que resulten en un beneficio para el grupo social, o bien para sostener una defensa frente a desconocidos o la misma naturaleza. Sea como sea, esos mismos principios se aplicaron dentro de este periodo, el cual a continuación se buscará abordar.

INTRODUCCIÓN

     Cuando se habla de la gente en la época medieval, la mayoría de las veces puede venir a la mente la idea de personas toscas, brutas y solitarias en un entorno totalmente campestre. Claro, esto último puede verse bajo una perspectiva estereotípica que en su mayoría fue influenciada por las películas o las series de televisión. Ahora bien, no es intención discutir la veracidad de estos elementos en materiales de entretenimiento como los anteriormente mencionados, puesto que los mismos no pretenden ser un estudio historiográfico de la época así que no tienen cabida en esta entrada.

Querer hablar de la comunidad en la edad media es querer entender las razones o nociones bajo las cuales se reunía para su convivencia (y porque no decirlo, también conveniencia) considerando además la idiosincrasia cristiana de aquel entonces. También tomando en cuenta uno de los eventos más significativos que enmarcan el inicio de este periodo: la caída del imperio romano y el surgimiento del periodo medieval, el cual implicó una masiva migración desde los centros urbanos hacia sectores más rurales, donde la gente comenzaba una nueva perspectiva del mundo que le rodeaba.

Bajo el punto de vista tradicional, el abandono de las ciudades que se levantaron en la época de Roma y la migración a los sectores rurales, suele marcarse como el inicio de un periodo de decadencia, cuando más bien podría verse como un proceso de transformación. El comercio, cada vez más decaído, traía consigo el surgimiento de nuevos modos de producción, y esto a su vez, nuevas estructuras a nivel sociopolítico. No obstante, algunos núcleos urbanos continuaron teniendo importancia durante la Alta Edad Media gracias a la presencia y acción de las autoridades eclesiásticas que se instalaron en tales territorios. A pesar del derrumbamiento institucional y la desaparición de tal unidad establecida por el imperio romano, estas ciudades lograron permanecer como centros con cierta importancia cultural, religiosa y organizativa.

EL ENTORNO NATURAL

     Dentro de esta época, se puede decir que el ser humano se encuentra estrechamente vinculado a la naturaleza, tal afirmación no resulta para nada una sorpresa o novedad. Desde los primeros años de la infancia, el hombre medieval se encuentra influenciado por los colores y olores que le rodean, en este nuevo entorno lo que conlleva a sentirse identificado con este mismo. Aun así, y a pesar de este vínculo entre la gente de esta época y su medio, cabe destacar que esta relación no es del todo encantadora. La naturaleza provee, eso es cierto, pero de la misma manera el hombre se encuentra además a merced de esta naturaleza caprichosa e impredecible, es cuestión de ver los diversos estragos que los cambios climatológicos causaron en las cosechas y que fueron motivo además para otras crisis que golpearon a la sociedad de aquel entonces.

Aun así, el entorno rural, a pesar de sus caprichos, no dejó de significar el medio por el cual la gente de esta época quiso establecerse y perpetuar su existencia: los árboles proveían la madera, tanto para la construcción de sus hogares (al menos antes que comenzara la utilización de las rocas) como de su mobiliario o sus medios de transporte, si la tierra era fértil, servía para las cosechas, y el agua para hacerlas crecer, no solo eso, sino que también ayudaba para aplacar la sed o mantener ciertos criterios de higiene, aunque no se tengan muchas fuentes de la época más allá de la iconografía para poder corroborar esto. El fuego no queda fuera de esta concepción, puesto que, como fuente de energía, proveía de calor los hogares, servía para cocer las comidas, iluminaba en la oscuridad y en la herrería servía para dar forma y temple a las herramientas con las cuales se trabajaban. A pesar de ello, el fuego era también temido, ya que representaba peligro de incendio si no se tenía cuidado o no se tomaban las precauciones necesarias.

Desastres naturales, tales como las inundaciones o las sequías, para la gente de aquel entonces representaban el castigo traído de la voluntad divina. Si bien Dios otorgó al ser humano dominio sobre la naturaleza, este seguía siendo parte de la creación de la misma y todo desorden implicaba un “castigo” que recaería en el mismo hombre. Por ende, tal castigo implicaba una alteración en la manera de vivir de estas personas, pero bajo ese punto de vista representaba una justa retribución por violar un pacto con Dios. Por esa misma razón, dentro del imaginario medieval, las personas no solían alarmarse más de lo que podía esperarse, puesto que tal castigo podía representar un cierto ajuste de cuentas que era menester saldar.

NOCIONES PARA REUNIRSE Y CONVIVIR

          Una de las nociones más evidentes se encuentra en un sentido espiritual. La gente medieval es consciente del paso de los días y de ese inevitable destino hacia el “fin de los tiempos”. En una sociedad tan marcada por la concepción cristiana del bien y el mal y cuyas acciones se definen por el designio divino, no resulta extraño encontrar grupos humanos con una marcada predisposición a encontrar su salvación a través de la iglesia. La ayuda mutua o las acciones de caridad si bien son con la finalidad de encontrar el bienestar común entre iguales, responde más bien a una necesidad de asegurar el descanso eterno en buenos términos al momento de llegar el Juicio Final.

Precisamente, dentro de esta visión espiritual, se forma un lazo entre todos los individuos que, si bien se construye por medio de asegurar la salvación su propio espíritu, también crea una unión entre todos los sujetos implicados dentro de esta misma comunidad y que acaba dando un sentido de pertenencia a la misma. Nadie quiere ir en contra de lo establecido por Dios y todo aquel que se vuelva en contra de lo establecido en este mundo, acaba finalmente siendo un hereje quien ha sido inspirado por Satanás.

Otro de los motivos se relaciona a lo material. Las actividades económicas implican un esfuerzo y mano de obra disponible para lograr la subsistencia de la misma comunidad. Como se dijo con anterioridad, el ser humano medieval es un individuo que se encuentra constantemente en competencia con la naturaleza: el cuidado de animales domesticados o el cultivo de la tierra son actividades que provienen de necesidades que deben satisfacerse. Pero no solo es necesario referirse al trabajo de la tierra, el comercio y la guerra también se añaden a este mismo motivo. La supervivencia del grupo humano implica la gestación de trabajo en condiciones para que esta misma supervivencia no se vea alterada o afectada. La construcción de cercos para mantener al ganado no implicará un mismo esfuerzo que la creación de telas o inclusive el comerciar con ellas, pero al fin y al cabo son todas actividades que permiten la permanencia del grupo en un lugar determinado.

Resumiendo lo dicho anteriormente, dos maneras de sintetizar las razones para convivir pueden darse en las palabras “fe” y “trabajo” pero no significa que sean las únicas razones para permanecer juntos, el miedo es otro factor determinante que influye también en esta mentalidad. Miedo a algún ladrón, miedo a algún depredador que se encuentre en los alrededores, miedo a la soledad o a la oscuridad de la noche, etc, son motivos más que suficientes para requerir el estar dentro de un grupo que le permita salvaguardar su existencia. Desde tiempos más antiguos el hombre ha tenido miedo a estos elementos, en especial a la noche debido a un sentido de adrenalina impulsado por la supervivencia; sentido adrenalínico que con la evolución del mismo ser humano, se le ha dotado de una angustia generalizada y que se ha insertado en su código genético.

EL DÍA A DÍA

La salida del sol al alba indicaba el inicio de la jornada. Ésta podía referirse al trabajo en el campo, a la oración, a los estudios o a la construcción y la duración de estas actividades, especialmente las que demandaban trabajo en terreno, solían realizarse hasta el anochecer. Dicho esto, el tiempo laboral, por un lado, dependía de un medio físico el cual eral luz solar. Por el otro, también se medía el tiempo en función de las oraciones realizadas a lo largo del transcurso del día que podían determinarse a través de campanadas en las iglesias o abadías. En ese sentido se puede hablar de un medio cultural (si se considera la posterior cristianización de gran parte de Europa en aquel entonces).

Resurge un nuevo concepto de ciudad, tomando elementos de los centros urbanos del mundo antiguo y adaptándose a las nuevas circunstancias de periodo. si bien sus murallas separan lo urbano de lo rural, en realidad ambos lados corresponden a las dos caras de una misma moneda. Las calles de las cuales se conforman son bien estrechas y no poseen forma definida, algunas de ellas van en pendiente y con una gran concurrencia de personas lo que dificulta su tránsito. Esta concurrencia no solo se limita a transeúntes sino también a los diversos comerciantes y artesanos que poseen sus negocios en el mismo lugar que tienen sus residencias. La calle se convierte en el espacio por excelencia donde la rutina diaria se realiza: la gente convive, conversa, echa bromas, vende o compra los productos que requiere.

No solo del trabajo se fundamenta la existencia del ser humano, los juegos y las celebraciones también son una parte esencial de esta existencia en la comunidad. Sentimientos como la risa o el gozo ayudan a acentuar esa convivencia. La risa puede mostrarse de manera exagerada y bien lo es, especialmente manifestada en la literatura a modo de sátira, las bromas en los caminos o incluso en las tabernas bajo los efectos de las bebidas alcohólicas. Las fiestas tampoco quedan atrás, sea la fundación de un lugar, la llegada de algún noble de gran importancia o además ciertas fiestas paganas con elementos cristianos. Todas coloridas, variadas, con un abanico de representaciones o de momentos que permitan un aprecio a esta comunidad que se construye en la cotidianeidad.

 

REFERENCIAS

Fossier, Robert. Gente de la Edad Media. 2007. Editorial taurus

Valdeón Baruque, Julio. Vida cotidiana en la edad media. 2004. Biblioteca básica de historia.

Eco, Humberto (coordinador). La edad media, bárbaros, cristianos y musulmanes. 2010. Fondo de cultura económica.

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